El Gran Abuelo, un alerce patagónico de 5.484 años

UN ÁRBOL DEL CENTRO DE CHILE, CANDIDATO A ÁRBOL MÁS VIEJO DEL PLANETA. Cuando todavía no se habían levantado las pirámides de Egipto ni el monumento megalítico de Stonehenge, una semilla de alerce patagónico germinó en un paraje escarpado y húmedo situado cerca de la costa de Chile, a unas dos horas y media de donde actualmente se encuentra la ciudad de Valdivia. El árbol creció con vigor y al cabo de unos siglos se convirtió en un admirable gigante con un tronco superior a los diez metros de perímetro, unas dimensiones fuera de lo común para la especie. Sin embargo, lo que hace de él un individuo realmente singular es que todavía está vivo. (Este artículo se publicó previamente en El Periódico de Catalunya.)

Es cierto que su tronco presenta oquedades, que gran parte de la copa se cayó y que los líquenes han colonizado su vetusta corteza, todo ello signos evidentes de decrepitud, pero ni las inclemencias del tiempo, ni los incendios forestales, ni las talas ni las enfermedades han podido con él durante… 5.484 años.

A esta sorprendente cifra, tan precisa que podría parecer una broma, acaban de llegar los investigadores chilenos Jonathan Barichivich y Antonio Lara con un método mixto (medio medición directa, medio extrapolación) que a buen seguro no convencerá a todos. El asunto es peliagudo porque si el árbol, conocido popularmente como Alerce Milenario o Gran Abuelo, tiene efectivamente más de cinco milenios, superaría en edad a los famosos pinos longevos (Pinus longaeva) del Bosque Nacional Inyo, en California (EEUU), y se convertiría en el ejemplar más viejo de la Tierra. Hasta ahora, el árbol de mayor edad confirmada mediante el recuento de los anillos del tronco es un pino longevo llamado Matusalén (Methuselah), en Inyo, que tiene 4.853 años y cuya ubicación exacta se mantiene en secreto para preservar su integridad.

La revista Science se ha hecho eco de la nueva datación en Chile en un artículo divulgativo, pero los autores aún no han mostrado su trabajo en una publicación con revisores, el camino habitual que siguen todas las investigaciones científicas. Así que habrá que esperar para ver si la comunidad internacional lo da por bueno, aunque Barichivich avanza que su estudio ha seguido los estándares habituales en este terreno de la dendrocronología. Barichivich es actualmente investigador del Laboratorio del Clima y el Medio Ambiente de París (LSCE).

La especie

El alerce patagónico, lahuán o cahuén (Fitzroya cupressoides) es una especie de la familia de las Cupressaceae, como los cipreses, las secuoyas, los enebros, las criptomerias y las tuyas, que crece exclusivamente en un pequeño enclave del centro de Chile que se prolonga hasta Argentina. Su hábitat está incluido en la ecorregión conocida como selva o bosque valdiviano, caracterizada por densos bosques siempreverdes en un entorno de temperaturas suaves y lluvias abundantes, superiores a los 2.000 mm. anuales, a veces con suelos empantanados. Los españoles lo llamaron «alerce» por sus supuestas similitudes con los alerces europeos, pero no pertenecen a la misma familia.

El Alerce Milenario está ubicado en el corazón del parque nacional del Alerce Costero, en la sinuosa carretera que enlaza la pequeña ciudad de La Unión, capital de la provincia de Ranco, con la playa de Hueicolla, ya en el Pacífico. «Crece en una quebrada fría y muy húmeda que mira hacia el sur, por lo que recibe menos sol, y sorprendentemente no hay ningún otro alerce en al menos un kilómetro a la redonda», me comenta Barichivich. Está rodeado de árboles de hoja ancha.

  • El árbol crece solitario en un ambiente frío y húmedo. No hay otro alerce de su misma especie a su alrededor

Barichivich, ingeniero forestal e investigador en ecología global y clima, lleva décadas vinculado al árbol puesto que su abuelo, que trabajó como guardabosques en la zona, fue quien lo descubrió en 1972. Y él mismo sospecha que fue uno de los primeros niños en verlo.

La datación, prosigue el investigador chileno, forma parte de una investigación mayor orientada a medir el funcionamiento de los bosques de alerce. «Obtuvimos permisos para poder trabajar con el Alerce Milenario y obtener una muestra con mucho cuidado y sin dañarlo». Los trabajos se desarrollaron en 2020, justo antes de que se declarara la pandemia de coronavirus.

La principal herramienta para calcular la edad de los árboles es obtener una sección completa del tronco en la que se puedan apreciar los anillos, la huella dejada en la madera por el ciclo anual de crecimiento, y luego contarlos uno a uno de forma minuciosa. Esta opción, por supuesto, solo es posible cuando el árbol ha caído por efecto de una tala, del viento o de un rayo, por ejemplo.

Para los ejemplares vivos lo que se hace normalmente es agujerear el tronco con una barrena que extrae un fino testigo en el que se puedan apreciar y contar los anillos. Sin embargo, comenta Barichivich, no hay barrenas suficientemente grandes para árboles tan gruesos como el Alerce Milenario, que tiene unos dos metros de radio. «La que tenemos es de 90 centímetros y no existe una más larga». Además, añade, los árboles muy viejos están podridos por el centro y ello dificulta calcular la edad total.

Lo que hicieron Barichivich y Lara fue desarrollar un método estadístico para simular el crecimiento en la parte que no se pudo analizar. «En 90 centímetros, que es el 43% del radio del árbol, contabilizamos 2.400 años», dice el primero. «El método que diseñamos toma en consideración toda su historia de crecimiento y cómo crecen los alerces en todas las poblaciones que hemos muestreado”.

Así pues, el método arrojó una estimación de edad general de 5.484 años, con un 80% de probabilidad de que el árbol haya vivido durante más de 5.000. «Fue asombroso -dice Lara-. Esperaba que el árbol tuviera unos 4.000».

Los peligros del turismo

El Alerce Milenario está señalizado como una atracción turística y cuenta con un punto de observación para que los visitantes no se acerquen a su base, pero ello no evita que la gente camine a su alrededor, lo que daña las raíces y compacta el suelo circundante, lamenta Barichivich. «La principal amenaza en este momento son los turistas. La gente lo está matando -añade-. Requiere nuestra protección con urgencia”.

El segundo peligro es el clima, continúa Barichivich. «El clima se está volviendo más seco, lo que dificulta que las raíces absorban agua y estresa al árbol. Chile sufre un periodo de sequía inusualmente largo que dura ya 13 años. Y esto continuará en el futuro porque esta región del bosque templado lluvioso de Sudamérica es un ‘hotspot’ terrestre de reducción de lluvias en las proyecciones de cambio climático. Es incluso más fuerte que el que experimentará la cuenca del Mediterráneo en Europa».

  • El cambio climático amenaza la supervivencia del ejemplar. Las precipitaciones en la zona se han reducido en las últimas décadas

Pese a la sorpresa de la última datación, no es ninguna novedad la enorme longevidad de los alerces patagónicos. En 1993, por ejemplo, Antonio Lara (Universidad Austral, en Valdivia) y Ricardo Villalba (Universidad de Colorado, en EEUU) publicaron un artículo también en la revista Science en el que informaban de un tocón de un árbol muerto en la zona andina que tenía 3.622 anillos anuales de crecimiento. Esa datación situaba a la especie como la segunda más longeva del planeta, por delante de las secuoyas.

«En esta región de la Cordillera de la Costa de Chile, que se llama Cordillera Pelada, existen troncos (tocones) de alerces de grandes dimensiones que dan testimonio de que hubo otros árboles grandes y milenarios en el pasado, con diámetros de hasta 3,8 metros», concluye Barichivich. Pero el Alerce Milenario, el Gran Abuelo, es el mayor.

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