Una plaga aniquila los pinos de Roma

ESTRAGOS CAUSADOS POR UNA COCHINILLA DE ORIGEN AMERICANO. Los pinos piñoneros que jalonan algunas de las avenidas y de los jardines más emblemáticos de Roma, uno de los símbolos de la capital italiana, corren el riesgo de desaparecer debido al ataque de un voraz insecto originario del norte de América, la cochinilla tortuga o Toumeyella parvicornis, que se incrusta en los árboles para alimentarse de la savia y que en cuestión de dos o tres años los seca sin remisión. Centenares ya han sido talados.

La plaga llega a todos los rincones de la ciudad eterna. «Villa Borghese, Villa Ada, Villa Pamphili y en muchas otras villas; en las avenidas históricas y las zonas arqueológicas [como Aventino, el Foro Imperial, Caracalla, Via di San Gregorio], en los parques y en las reservas; en los pinares costeros, como Castel Fusano», enumera la asociación Italia Nostra, consagrada a la protección del patrimonio artístico y ambiental. En uno de los peores ejemplos, Villa Glori, uno de los pulmones verdes de la ciudad, han tenido que podarse 170 de sus 700 pinos.

Brotes de pino piñonero en Roma con la fumagina grisácea generada por la presencia de la cochinilla tortuga

El minúsculo insecto, de apenas tres milímetros de largo pero muy voraz, recibe el nombre de cochinilla tortuga debido a su forma avalada y a su color marrón-rojizo. La plaga fue detectada por primera vez en Italia en el año 2014, concretamente en Nápoles y en varios municipios vecinos de Campania. Luego avanzó hacia el norte y colonizó el Lazio, la región de Roma.

El 80% de los pinos piñoneros de la capital italiana sufre algún tipo de afectación

Se calcula que el 80% de los 120.000 pinos piñoneros de Roma, incluyendo tanto los presentes en calles como los que se encuentran en jardines, sufre algún tipo de afectación, con el problema añadido de que buena parte se localizan en propiedades privadas y es difícil actuar sobre ellos. Aunque obviamente no peligra la vida de todos y muchos se recuperarán, la situación es actualmente dramática y obligará a una desinsectación colosal y costosísima. Los protocolos adoptados en la región de Campania no han producido resultados satisfactorios. De los cerca 10.000 pinos de Nápoles, al menos la mitad ha muerto.

Al margen del daño directo, el parásito ocasiona otro grave problema. La cochinilla, que se extiende por todo el árbol, especialmente en los brotes tiernos y las acículas, produce una gran cantidad de melaza que a su vez fomenta un impresionante desarrollo de hongos, lo que se conoce como fumagina, una especie de polvo carbonoso resistente al agua de lluvia y que impide la fotosíntesis. El pavimento de las calles donde hay pinos queda teñido de oscuro.

La cochinilla produce una gran cantidad de melaza que a su vez fomenta un impresionante desarrollo de hongos, lo que se conoce como fumagina, una especie de polvo carbonoso que impide la fotosíntesis

Aunque los árboles pueden ser tratados individualmente, el auténtico problema de la plaga americana es su velocidad de propagación. Aunque no le gusta en exceso el calor, la cochinilla tortuga puede tener hasta cuatro generaciones anuales. Y como recuerda Antonio Garonna, profesor de entomología de la Universidad Federico II de Nápoles, donde primero se detectó la plaga, una hembra puede poner de 500 a 600 huevos en solo un ciclo reproductivo.

El ciclo empieza en febrero y la primera eclosión de huevos se producen abril. Aunque los árboles resistan sin grandes complicaciones el primer embate, se debilitan con los sucesivos. «Si el clima es favorable puede surgir hasta una cuarta generación en otoño, lo que resulta una bomba para un árbol», ha explicado Garonna a los medios locales.

El pino piñonero ha estado presente en la capital italiana desde tiempos inmemoriales, pero curiosamente la gran expansión se produjo en la primera mitad del siglo XX de la mano de Benito Mussolini, que los adoraba como símbolo de la italianidad. Hoy, muchos de ellos son frágiles y débiles ante las plagas por el simple hecho de ser árboles urbanos, consideran los especialistas.

De hecho, la cochinilla tortuga convive relativamente bien con los pinares en su región de origen, muy posiblemente por la existencia de depredadores naturales. Pero los pinos de la costa italiana nunca habían visto un insecto similar y no tienen mecanismos de defensa. «Es un banquete para las cochinillas», resume el profesor Garonna.

El principal tratamiento de control, cuya aprobación se demoró largo tiempo para encontrar un producto lo menos dañino para los paseantes, se basa en la inyección en el tronco –endoterapia– de dos insecticidas a base de abamectina y acetamiprid. Normalmente se hacen varios pequeños agujeros, separados por unos 30 centímetros. El tratamiento se prolonga durante varios meses y debe realizarse árbol a árbol.

“El problema es que solo es una solución temporal, que únicamente apunta a alargar la vida de los árboles, a la espera de dar con un verdadero antídoto. Esto se debe a que el efecto de la abamectina acaba al cabo de unos tres meses y luego el parásito regresa”, explica la ingeniera agrónoma Sara Sacerdote en declaraciones a mi colega de EL PERIÓDICO Irene Savio. Además, la endoterapia es costosa (cuesta un mínimo de 50 euros por árbol) y lenta, ya que son necesarios varios minutos para suministrar el brebaje a cada planta.

«Por eso, también se están llevando a cabo otros experimentos aunque de momento sin muchos resultados», prosigue Irene Savio. Algunas universidades están estudiando el uso de mariquitas para que ataquen a las cochinillas, e incluso se ha pensado en importar a insectos que son depredadores naturales de la Toumeyella parvicornis en su lugar de origen. «Pero la solución no se ha encontrado aún».

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