Padua, el jardín botánico más antiguo del mundo

SIGLOS DE HISTORIA BOTÁNICA. Una visita a la región italiana del Véneto y sus monumentales ciudades no puede pasar por alto un lugar cargado de vegetación e historia: el Jardín Botánico de Padua, en italiano Orto Botanico di Padova. Este pequeño tesoro que en 1997 fue catalogado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad está enclavado en el corazón del núcleo urbano, muy cerca de la Basílica de San Antonio, y lleva abierto nada menos que ¡cuatro siglos! Un calor sofocante nos acompaña en nuestro recorrido en julio de 2022.

«El Jardín Botánico de Padua -subrayó la Unesco al inscribirlo en su lista del Patrimonio de la Humanidad- está en el origen de todos los jardines botánicos del mundo y representa la cuna de la ciencia, los intercambios científicos y la comprensión de la relación entre naturaleza y cultura. Ha contribuido en gran medida al avance de muchas disciplinas científicas modernas, especialmente la botánica, la medicina, la química, la ecología y la farmacia».

Fundado en 1545 bajo el impulso de la Universidad de Padua, se trata del jardín botánico más antiguo del mundo que se haya mantenido de forma ininterrumpida en el mismo emplazamiento. Es cierto que un año antes se había creado el Jardín Botánico de Pisa, pero en 1563 fue transferido a una ubicación diferente en busca de más espacio. El de Padua, en cambio, ha estado siempre donde se encuentra actualmente.

A petición del médico y profesor de botánica Francesco Bonafede, la Universidad de Padua acordó la creación del jardín como huerto para el cultivo de hierbas y plantas. El objetivo fundamental, como explica la institución en su página web, era que los estudiantes de medicina dispusieran de un lugar donde poder experimentar e identificar las especies puesto que en aquel entonces, a mediados del siglo XVI, el uso de plantas con fines terapéuticos se basaba casi exclusivamente en los textos de los autores antiguos y «se cometían muchos errores que podían ser muy graves para la salud de las personas». Un decreto del Senado de la República de Venecia, a la que Padua pertenecía, aprobó su constitución.

No hay documentos que acrediten la paternidad del proyecto, aunque está documentada la participación del arquitecto Andrea Moroni. También contó presumiblemente con la contribución de Daniele Barbaro, humanista, científico y luego cardenal. La estructura actual del jardín clásico mantiene sustancialmente la del proyecto inicial: un cuadrado inscrito en un círculo que remite al ideal cristiano del Hortus Conclusus o huerto cerrado, típico de monasterios y conventos.

Los cuadrados están divididos a su vez en cuatro cuartos, conocidos como spalti porque originalmente estaban elevados unos 70 centímetros con respecto a las avenidas y cuyas flores se disponían para formar bellos diseños geométricos. En el centro, un estanque para plantas acuáticas.

Numerosas plantas se introdujeron por primera vez en Italia a través del jardín, como la patata, el sésamo, el lilo y el tulipero de Virginia

El primer director fue Luigi Anguillara (1512-1570), un reputado médico y botánico que dotó al jardín de 1.800 especies diferentes, muchas de ellas procedentes de sus viajes por otros países de Europa. Como veremos más adelante, numerosas plantas se introdujeron por primera vez en Italia a través del Jardín Botánico de Padua, como la patata, el sésamo, varios tipos de jazmín, el árbol del paraíso, el lilo, el tulipero de Virginia o el cedro del Himalaya.

Debido a la rareza de las plantas allí cultivadas y al alto precio de las medicinas que se obtenían a partir de ellas, el jardín era objeto de frecuentes robos nocturnos, prosigue la web de la institución. Por este motivo, a los seis años de la inauguración se construyó un muro de cierre circular, aún hoy en pie, con el nombre de Hortus Cinctus.

La estructura del jardín sufrió en los siglos posteriores diversas modificaciones, aunque no se alteró la disposición geométrica original. En el siglo XVIII, por ejemplo, se construyeron los cuatro portales de entrada del Hortus Cinctus, de hierro forjado y con piedra traída de Istria. En la misma época, al muro circular exterior circular se le añadió una balaustrada con columnas de piedra blanca sobre las que se colocaron jarrones y bustos de personalidades destacadas. En el XIX se construyeron invernaderos de mampostería, uno de los cuales aún conserva la estructura original. También de ese siglo son los edificios actuales y el arboreto de la zona sur.

Finalmente, en 2014 se creó el Jardín de la Biodiversidad, una moderna ampliación con un área de investigación y cinco invernaderos que recrean el clima y la vegetación de otros tantos biomas terrestres, desde las zonas tropicales a las más áridas.

El Orto Botánico de Padova tiene una modestas dimensiones, apenas 2,5 hectáreas en el recinto antiguo y otras 1,8 hectáreas en el Jardín de la Biodiversidad, muy lejos del tamaño de los grandes botánicos actuales. Sin embargo, ello no le impide ofrecer en un espacio inigualable una cuidada selección de la flora mundial. En total, cuenta con unas 6.000 plantas cultivadas de 3.500 especies diferentes. La colección sigue principalmente criterios taxonómicos, es decir, se agrupan las plantas que pertenecen a una misma familia aunque sean de orígenes diferentes.

El jardín muestra ejemplares botánicos de gran valor histórico. El más famoso es posiblemente un palmito (Chamaerops humilis) plantado en 1585 y que actualmente se encuentra protegido por un invernadero octogonal cerca de la Puerta Norte. Mide unos 14 metros alto. Internacionalmente es conocido como la Palma de Goethe puesto que el poeta alemán, tras una visita al jardín en 1786, se inspiró en él para su Intento de explicar La metamorfosis de las plantas (en alemán, el nombre completo es Versuch die Metamorphose der Pflanzen zu erklären), una de las primeras publicaciones de botánica sobre morfología comparada.

La planta más antigua y famosa del jardín es un palmito que data de 1585. Es conocido como la Palma de Goethe

Hasta hace poco, no obstante, había una planta aún más antigua. Se trataba de un sauzgatillo (Vitex agnus-castus) que se plantó en 1550 por orden de Bonafade y que murió por el ataque de un hongo en 1984. Hoy hay al menos tres ejemplares de la misma especie, pero todos jóvenes.

Otro de los ejemplares simbólicos del jardín es el plátano oriental (Platanus orientalis) que se encuentra nada más pasar el edificio de recepción. Fue plantado en 1680 y actualmente tiene un imponente y hueco tronco (6,40 metros de perímetro a 1,30). Es difícil no deslumbrarse al observarlo.

En el jardín hay varios ginkgos (Ginkgo biloba), pero destaca ante todo uno situado en el interior del círculo interior que data de 1750 y es uno de los primeros ejemplares plantados en Europa. Tiene un perímetro de 4 metros (a 1,30 m. de altura). Su característica forma de cono se perdió debido a la caída de un rayo.

También con una larga historia destaca el magnolio (Magnolia grandiflora) situado en la zona central, entre las puertas oeste y sur, y que data probablemente de 1786. Es considerado uno de los más antiguos de Europa. En la entrada del jardín se pueden admirar otros dos ejemplares plantados a principios del siglo XIX.

La historia de los árboles singulares no acaba todavía. La vieja robinia o falsa acacia (Robinia pseudoacacia) data de 1662 y fue el primer ejemplar de la especie plantado en Italia, apenas sesenta años después de su introducción en Europa por el jardinero francés Jean Robin. El jardín también fue el primer emplazamiento en Italia de un nogal americano (Juglans nigra). El ejemplar, que es de 1760, todavía está vivo.

Situado fuera del círculo, el mayor cedro del Himalaya (Cedrus deodara) del jardín fue plantado en 1828 y fue asimismo el primer ejemplar de esta especie en Italia. En los últimos años ha sufrido estrés hídrico por el descenso del nivel freático, «debido a las construcciones construidas en las inmediaciones», subraya la web del parque. Para ello se ha puesto en marcha una compleja operación de rehabilitación y revitalización. Finalmente, no muy lejos se halla el árbol más alto de todo el recinto: una esbelta zelkova (Zelkova carpinifolia) que ronda los 30 metros.

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