La Mortella, el paraíso de Lady Walton

VISITA AL ESPLÉNDIDO JARDÍN DE LA ISLA DE ISQUIA. La Mortella es un lugar ideal para huir del bullicio de la cercana Nápoles, una ciudad cuyas calles parecen siempre en constante movimiento. En este paraíso vegetal no hay prisas, sino senderos para disfrutar de la tranquilidad.

El parque se encuentra en Isquia (en italiano, Ischia), la isla más occidental del llamado archipiélago campano, y ocupa unas tres hectáreas de terreno abrupto, con abundancia de cuestas y escaleras que sortean los pronunciados desniveles. Para acceder hasta él es necesario tomar un ferri desde la capital napolitana -en verano hay una docena de salidas diarias- y después un taxi o un autobús. Vale la pena.

Además de un espléndido jardín botánico, La Mortella es ante todo el sueño consumado de Susana Gil Passo, esposa del compositor y director de orquesta británico William Walton, una escritora de origen argentino, traductora, paisajista y filántropa enamorada de la botánica. Lady Walton, como fue conocida, quería “un espacio mágico para meditar y disfrutar de la compañía», según dejó escrito.

El parque data de los años sesenta del pasado siglo, aunque no se abrió al público hasta 1991, tras la muerte de Walton y la creación de la fundación auspiciada por su viuda.

Susana Gil Passo y William Walton.

William Walton, que por aquel entonces era un afamadísimo músico, y su joven esposa llegaron a Isquia poco después de casarse, en 1949, “huyendo del ritmo trepidante de Londres y buscando la tranquilidad en la bahía de Nápoles”, como explica Antonella Delle Paoli en la guía oficial del parque. Al principio se instalaron en una casa de alquiler, pero al cabo de unos años decidieron comprar un terreno de origen volcánico y relieve accidentado situado cerca del pueblo de Forio, en el noroeste de la isla.

El parque data de los años sesenta del pasado siglo, aunque no se abrió al público hasta 1991

El lugar era conocido como Le Mortelle, que en dialecto napolitano significa Los Mirtos o Los Arrayanes, debido a la abundancia de este arbusto (Myrtus communis). El matrimonio mantuvo el nombre, pero cambiándolo al singular: La Mortella. Como subraya la guía del parque, el mirto o arrayán representaba la belleza y la virginidad en la mitología grecorromana. Era la planta de Afrodita.

Una vez construida la residencia, el matrimonio contrató en 1956 al reputado paisajista británico Russell Page para que diseñara las líneas maestras del parque, principalmente la zona baja, un valle encajonado que goza de un microclima subtropical, así como un sistema de terrazas para superar los desniveles. Sin embargo, fue lady Walton quien personalmente, durante las cuatro décadas posteriores, acabó de dar forma al jardín y de seleccionar las especies presentes. La parte superior, con zonas más soleadas, un teatro para conciertos y unas vistas espléndidas de la bahía de Forio, es de su propio diseño.

En 1964, por motivos relacionados con su trabajo, William Walton emprendió un viaje de tres meses a Australia y Nueva Zelanda, desde donde envió a su esposa cuatro troncos de helechos. “Los ejemplares de Dicksonia antarctica arraigaron tan bien que se convirtieron en la base de la espléndida colección que aún existe hoy en día, una especie de selva tropical situada al fondo del jardín”, destaca la guía del parque. Existen muchas especies diferentes de helechos, pero particularmente abundante es Woodwardia radicans, tradicional en el Mediterráneo y la Macaronesia.

El jardín puede dividirse en dos ambientes. En primer lugar, la zona inferior o Valle, de clima húmedo y vegetación exuberante, que está dominado por especies de otras latitudes (y que difícilmente prosperarían en otros lugares de Italia). Aquí es donde se ubican los mayores árboles de La Mortella, entre ellos dos esbeltísimas ceibas (Ceiba speciosa), una enorme araucaria de Norfolk (Araucaria heterophylla), un tulipanero de Gabón (Spathodea campanulata) y un ginkgo (Ginkgo biloba), así como una rica representación de helechos, cicas-encefalartos, dragos, magnolias, bauhinias, metrosideros, ágaves e infinidad de palmeras.

La vegetación gira en torno a una de las fuentes más hermosas de todo el recinto, diseñada por Russell Page, que además es el final del arroyo artificial que recorre todo el parque. También se ubica en el Valle el principal invernadero, llamado Victoria House, que incluye el mayor nenúfar del mundo, Victoria amazonica, y una rara trepadora filipina, Strongylondon macrobotys, famosa por sus flores de color verde jade.

Por su parte, el jardín superior o Colina, se caracteriza por una vegetación típicamente mediterránea, con dominio de los arbustos, más pinos, algarrobos, acacias y aloes. En la Colina, que se creó en los años 80 y 90, se encuentran algunos rincones sorprendentes, como un templo asiático de madera rodeado de loto, bambú y arces japoneses, y una gruta en la roca donde reposan las cenizas del matrimonio fundador del parque. «Este rincón verde está dedicado a Susana, que amó con ternura, trabajó con pasión y creyó en la inmortalidad», subraya una inscripción. Y un gran teatro griego para conciertos al aire libre.

La propietaria falleció en 2010, pero su fundación, que sigue al mando del jardín, lo mantiene en muy buen estado. La institución, cuyo gran objetivo es hacer de La Mortella un centro de estudio para jóvenes músicos talentosos, se mantiene únicamente con el producto de la recaudación de las entradas y no recibe ningún apoyo financiero ni del Estado ni de la región italiana de Campania.

La Mortella, que recibe unas 70.000 visitas anuales, añade cada año nuevas especies a su colección porque, como decía Russell Page, «un jardín es un acto continuo de creación y renovación: nunca está realmente terminado».

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