Los jardines Sanssouci, el descanso de Federico II

EL PALACIO REAL DE POTSDAM Y SU EXCEPCIONAL PARQUE. En 1745, el rey Federico II de Prusia, el Viejo Fritz, mandó construir su palacio de verano en lo alto de una pequeña colina muy cercana a la ciudad de Potsdam, a 35 kilómetros de Berlín, y encomendó los trabajos al arquitecto Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff. Las obras avanzaron a buen ritmo y se terminaron apenas dos años después, en 1747.

La explicación de tanta rapidez es que, por deseo del rey, la residencia no tuvo unas dimensiones demasiado grandes para lo que se estilaba entre las monarquías europeas de aquel tiempo, como puede observarse en Versalles o Peterhof, sino que se diseñó simplemente como refugio estival, es decir, un lugar donde retirarse en compañía de los perros para recibir a selectas visitas, pasear y dedicarse al noble arte de la agricultura. De hecho, Federico nunca quiso hacer grandes reformas en el palacio porque, como él mismo comentó, fue construido para que durase lo que durase su propia existencia. Lo llamó Sanssouci, “sin preocupaciones” en francés.

Retrato de Federico II el Grande y una obra de Adolph Menzel en la que se observa al rey tocando la flauta en el Palacio de Sanssouci.

Sin embargo, el deseo del rey no se hizo realidad. Sus descendientes no solo conservaron el palacio Sanssouci y el jardín anexo, con sus famosas vides y sus frutales, sino que lo ampliaron con nuevos edificios y grandes espacios verdes. El recinto actual ocupa la friolera de 290 hectáreas y tiene casi 70 kilómetros de senderos. “Hoy en día, Sanssouci no ha perdido nada de su magia y encanto especiales”, como subraya el folleto turístico que se entrega a las visitas. “Las íntimas suites de las habitaciones aún conservan sus elegantes diseños y muebles originales -prosigue-. Y el extenso parque y sus terrenos son más impresionantes y hermosos que nunca”.

La escalinata que enlaza el palacio de Sanssouci con el jardín. Foto: arboles con historia.com

Todo el complejo con sus palacios y parques fue inscrito en 1990 en la lista del Patrimonio de la Humanidad que elabora la Unesco como “un ejemplo excepcional de creaciones arquitectónicas y paisajísticas” y “un bien cultural de calidad excepcional”. Recibe unos dos millones de visitas anuales, según especifica la web oficial.

Federico II, un amante de la naturaleza que quería disfrutar de unas buenas vistas, ordenó que la fachada principal del palacio no estuviera enfocada hacia la carretera y la puerta de acceso, sino hacia la ladera de la montaña. Allí, donde antaño hubo un robledal, se construyó una de las señas de identidad de todo el recinto de Sanssouci: una sensacional escalinata formada por terrazas donde aún se cultivan diversas variedades de vid y algunos frutales como higueras y naranjos en maceta, trasladables a zonas interiores en caso de frío intenso.

Debajo de las terrazas se diseñó un jardín ornamental de estilo barroco, presidido por 12 estatuas con motivos grecolatinos. Y a su lado se reformó un viejo huerto construido por el padre del rey y se colocaron 3.000 árboles frutales. El Marlygarten, como fue bautizado, en analogía al jardín del mismo nombre en las afueras de París, suministraba una rica cosecha de melones, alubias, melocotoneros, albaricoques y ciruelas, entre otros productos. Hoy ha perdido su función.

En años posteriores, nuevos edificios se sumaron al palacio en áreas más alejadas del recinto principal, entre ellos la inmensa Orangerie, el Molino -muy recomendable la visita debido a las vistas panorámicas-, el lujoso Palacio Nuevo o Neues Palais y el Pabellón Chino, de curiosa planta circular, así como conjuntos escultóricos como la Gran Fuente, la Cueva de Neptuno y diversos obeliscos. Los descendientes de Federico continuaron las ampliaciones hasta llegar a la finca tal como hoy la conocemos. En el siglo XIX, Peter Joseph Lenné, el principal jardinero paisajista de Prusia, recibió el encargo de ampliar el extenso arboreto, conocido como Jardín de Ciervos o Rehgarten, con una avenida principal de 2,5 kilómetros de largo.

El enorme parque actual combina zonas de vegetación bastante densa, prácticamente bosque, donde dominan los robles comunes y las hayas, y paseos arbolados muy diversos, con abundantes tilos, castaños de Indias, plátanos de sombra y más raramente fresnos. Observé asimismo multitud de tejos, olmos, catalpas, pinos albares, metasecuoyas, abetos de Oregón, sauces blancos, ginkgos, sóforas, píceas de Noruega y calocedros de California, entre otras muchas especies, todo ello fruto de una planificada voluntad de tener un espectacular parque con mucha diversidad. Un auténtico jardín botánico pasado y presente.

El enorme parque actual combina zonas de vegetación densa con paseos arbolados y setos

Entre los árboles más destacados pueden citarse dos plátanos de sombra situados junto al mausoleo de Federico II en el Marlygarten, espacio que acoge también una hermosa pterocaria. En el nivel inferior de la escalinata medra un haya de más de seis metros de perímetro de tronco y unos 30 metros de alto. Hay asimismo varios robles comunes de tamaño monumental cerca del jardín siciliano y su coqueto miniestanque, a la izquierda del Palacio. El ejemplar más voluminoso de todo el jardín se encuentra relativamente apartado, junto al edificio de los Baños Romanos, al sur, y se trata de un taxodio con un perímetro de 7,70 metros.

También pueden observarse algunos árboles considerados rarezas en Europa, como sendos Quercus imbricaria y Quercus velutina, ambos de origen norteamericano, que se encuentran en la zona suroeste, una joven Carya cordiformis al lado de la Casa del Jardinero, dos katsuras cercanas al imprescindible Pabellón Chino y otras especies que a buen seguro se me escaparon en mi visita.

Federico II falleció en 1786, por lo que disfrutó de su palacio estival y sus jardines durante casi cuatro décadas. Sin embargo, se quedó con las ganas de ver brotar el agua en sus opulentas fuentes debido a un error de cálculo -falta de presión- por parte de sus constructores. No se consiguió que llegara agua hasta que un siglo después se generalizó el uso de la máquina de vapor y se construyó una estación de bombeo.

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