Los árboles lunares del piloto Stuart Roosa

EL VIAJE A LA LUNA DE 500 SEMILLAS. El Apolo 14, la tercera misión tripulada de la NASA en aterrizar con éxito en la Luna, partió el 31 de enero de 1971 con el objetivo de explorar por primera vez una región montañosa del satélite terrestre, el cráter conocido como Fra Muro, y recolectar un buen puñado de rocas para su posterior transporte hasta la Tierra. El comandante Alan Shepard y su colega Edgar Mitchell, piloto del módulo de descenso, permanecieron 33 horas en la Luna, nueve de ellas en actividades extravehiculares, lo que popularmente se conocen como paseos lunares, uno de los cuales dejó para la posteridad la icónica imagen de Shepard golpeando dos pelotas de golf sobre la superficie de regolito.

Sin embargo, la misión no se limitó a los paseos. Mientras Shepard y Mitchell descendían y trabajaban en la superficie lunar, Stuart Roosa, el piloto del módulo de mando, permaneció en órbita fotografiando la Luna para delimitar emplazamientos donde efectuar futuros alunizajes y realizando diversos experimentos científicos. Uno de ellos, que no formaba parte del programa oficial de la NASA, fue una curiosa iniciativa del propio Roosa: se llevó a la Luna medio millar de semillas de árboles para comprobar si la radiación y la microgravedad del espacio durante los nueve días de misión les afectaba y podían germinar posteriormente en la Tierra. El piloto las transportó en su equipo de efectos personales.


El origen del sorprendente experimento se remonta a muchos años atrás. De joven, Roosa había trabajado en el Servicio Forestal en el control de plagas y como bombero paracaidista en la extinción de incendios. Luego se unió al Programa de Cadetes de la Fuerza Aérea y finalmente se convirtió en piloto de pruebas de combate y fue seleccionado por la NASA para su programa de astronautas. Y fue precisamente poco después, cuando se anunció que Roosa pilotaría el módulo de mando del Apolo 14, cuando el jefe del Servicio Forestal, Edward Cliff, lo contactó para pedirle si podía llevar a la Luna una selección de semillas de árboles. Roosa se mostró encantado.

Las semillas -se eligieron cinco especies estadounidenses: pino taeda, plátano occidental, liquidámbar, secuoya de costa y abeto de Douglas– se sellaron en pequeñas bolsas de plástico y se almacenaron en un pequeño recipiente de metal. Una selección de semillas de control permaneció en la Tierra para poder comparar su evolución.

Al regresar a la Tierra, el recipiente de metal, que había sido sellado al vacío, estalló al ser reabierto, lo que ocasionó que las semillas se esparcieran y mezclaran, pero no afectó al resultado final del experimento. Las semillas fueron enviadas a dos instalaciones especializadas en investigación forestal, en Gulfport (Misisipi) y en Placerville (California), donde se comprobó que se desarrollaban con normalidad. En total, se obtuvieron unos 400 plantones.


La primera ceremonia oficial de plantación de un árbol lunar, como fueron conocidos a partir de entonces, se llevó a cabo en el Washington Square Park de Filadelfia el 6 de mayo de 1975, en presencia del propio Roosa y de diversas autoridades. Se trató concretamente de un plátano occidental o sicomoro americano. También le llegó el turno a un pino taeda que crece en el Ayuntamiento de Forth Smith, en Arkansas, y a otro ejemplar de la misma especie en el jardín de la Sociedad de Silvicultores Americanos, en Bethesda, Maryland.

De hecho, entre los años 1975 y 1976 se plantaron decenas de árboles lunares en todo EEUU como parte de las celebraciones del bicentenario del país. Entre otros emplazamientos, siempre escogidos en función de las afinidades climáticas, se colocó un plantón de pino taeda en un jardín de la Casa Blanca en Washington, un plátano occidental en el Jardín Botánico de Birmingham (Alabama), otros dos plátanos en el Capitolio de Míchigan en Lansing y en la Universidad de Florida en Gainesville, tres secuoyas en la Universidad Politécnica Estatal de California y un abeto de Douglas en la Universidad de Oregón. También se regalaron muestras a otros países, entre ellos Brasil y Suiza.


Con el paso del tiempo, sin embargo, muchos árboles cayeron en el olvido y se perdió el registro de emplazamientos. Nadie sabía dónde se encontraban y cuál era su estado. Así que, preocupado por esta circunstancia, Dave Williams, científico planetario del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, se puso manos a la obra y pacientemente ha localizado desde entonces más de 120 de ejemplares, de los cuales una treintena ya han muerto. La búsqueda no es fácil porque muchos árboles lunares fueron plantados sin que se identificara con un cartel que realmente lo eran. De hecho, William ha dado con varios de ellos gracias a artículos periodísticos de los años posteriores al Apolo 14.

Para observar la evolución y poder comparar, muchos de los árboles se plantaron junto a semillas que no viajaron con Stuart Roosa. Y el resultado es que, después de más de 50 años, no hay ninguna diferencia perceptible entre las dos clases de árboles. “Que un tercio de los árboles lunares encontrados hayan muerto no tiene nada que ver con su viaje al espacio”, reitera siempre Williams. Eso sí, aunque Williams está convencido de que todavía quedan más árboles lunares por descubrir, el registro se expande ahora muy lentamente.

El catálogo está disponible en https://nssdc.gsfc.nasa.gov/planetary/lunar/moon_tree.html

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