El pino de la Virgen, testigo de la historia de La Palma

EL VENERABLE EJEMPLAR RONDA LOS OCHO SIGLOS DE VIDA. El pino de la Virgen de El Paso, un deslumbrante ejemplar de pino canario situado en un paraje agreste del interior de la isla de La Palma, tiene unos 800 años, según diversas estimaciones, por lo que germinó al menos dos siglos antes del desembarco en las costas de Tazacorte del hidalgo Alfonso Fernández de Lugo y de la incorporación de estas tierras a la Corona de Castilla (1493). El santuario situado a su vera llegó mucho después: primero fue una pequeña capilla que se construyó en 1876 y luego, en el mismo lugar, la actual ermita de paredes encaladas, inaugurada en 1930.

Este “testigo silencioso” de la historia de La Palma de los últimos siglos, como lo describen de forma un tanto pomposa varios folletos turísticos, no solo es el árbol más famoso de la isla, sino que su debilitada salud y los trabajos para mejorar su conservación se han convertido en La Palma en un asunto de Estado. En diciembre de 2014 fue declarado Bien de Interés Cultural de Canarias y en 2019  fue escogido como uno de los candidatos para representar a España en el concurso Árbol Europeo del Año. Mide 35 metros de altura y el perímetro del tronco a la altura del pecho (1.30 m) es de 7,10 m.

La historia detrás del pino de la Virgen está estrechamente ligada al acervo religioso de la isla. La tradición dice que unos soldados a las órdenes de Fernández de Lugo descansaban a la sombra del pino esperando para capturar al último rey benahorita, el caudillo Tanausú, cuando uno de ellos se subió a sus ramas y descubrió una imagen de la Virgen. A partir de entonces, el lugar se convirtió en un centro de peregrinación y devoción. La imagen actual, cuya edad desconozco pero es relativamente reciente, porta al Niño Jesús en su mano izquierda y en la derecha sostiene una rama de pino.

En el entorno del pino y la ermita se celebra cada primer domingo de septiembre la fiesta de la Virgen del Pino, aunque la gran celebración es trienal, un agosto de cada tres años, y consiste en el traslado de la imagen en romería hasta la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, en el pueblo de El Paso. Son unos cinco kilómetros de distancia.

El pino de la Virgen ha sido protagonista de leyendas transmitidas de generación en generación. Se cuenta que el árbol tiene propiedades místicas y que sus raíces están conectadas con la energía de la isla. Los vecinos afirman también que pasar tiempo bajo la sombra del insigne pino trae buena suerte y prosperidad.

En 2015, viendo que la salud del pino se había deteriorado gravemente,  el Ayuntamiento de El Paso convocó una reunión de especialistas para tratar de asegurar su supervivencia. Al margen de su edad, sin parangón en su especie, la copa había perdido densidad y algunas ramas estaban muertas debido a “desafortunadas intervenciones en el árbol y su entorno en el pasado”, según el propio consistorio. Al parecer, el problema esencial había sido la construcción en 1995 de unos cercanos depósitos de agua y la impermeabilización mediante una losa de hormigón de parte de los terrenos aledaños, lo que privaba a las raíces de un aporte fundamental de agua. El suelo también mostraba una preocupante escasez de nitrógeno y materia orgánica.

Entre los trabajos desarrollados desde entonces destaca la retirada de las ramas más afectadas por hongos, la construcción de un alcorque mayor -se ha pasado de 9 a 700 metros cuadrados, según describe la prensa local- y la naturalización del entorno con la plantación de “de un cortejo de plantas propias” del pinar canario, como los amagantes, las gacias y los tagasastes, que contribuyen a mejorar la calidad del sustrato, como explica un cartel informativo. Asimismo, se suprimieron las plazas de aparcamiento más próximas al árbol. Las medidas parecen estar dando fruto. El pino sigue siendo un anciano con achaques, pero su muerte deberá esperar.

El pino de la Virgen de El Paso es un símbolo de La Palma. Con sus raíces profundamente arraigadas en la historia y la espiritualidad de la isla, este centenario testigo sigue siendo un faro de la identidad palmera y una visita ineludible para los foráneos amantes del medio ambiente.

Para llegar hasta el pino, accesible en automóvil sin ninguna dificultad, es necesario acercarse al moderno centro de visitantes de la Caldera de Taburiente, junto a la carretera LP-3,  y desde allí tomar un desvío y recorrer unos dos kilómetros siguiendo el antiguo Camino Real de la Cumbre, que se adentra en el parque nacional. La ermita y el árbol son visibles desde lejos. Inconfundibles.

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